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viernes, 11 de febrero de 2022
EL DIA DE SAN BLANDO Leyenda arequipeña, copilación
En los albores de la república, -donde hoy es el
jirón Jerusalén-, había dos callejones estrechas y desaseadas. Allí vivía una
señora, cuyo nombre se ha olvidado; esta con mucho trabajo llegó a juntar buenos
reales y fue solicitada por un pícaro para que le hiciera un préstamo. La señora
confiada en la buena conciencia del individuo, le concedió el solicitado
préstamo, recibiendo por toda constancia un documento concebido, en los
siguientes términos: “conste por el presente documento que yo Z.N., he recibido
a mi entera satisfacción de la fulana del Tal, la cantidad de ………………. al interés
del ……………………….., pagaderos el Día de San Blando, que es, no se sabe cuándo”. El
documento quedó en poder de la señora y como ésta era analfabeta, no se enteró
del tenor, confiando únicamente en la buena conciencia del pícaro que tantas
promesas le había hecho. Pasó mucho tiempo, sin que el tipo volviera a
presentarse, ni siquiera a pagar los intereses hasta que ella alarmada lo
demandó ante el Juez Marroquín que vivía en el mismo barrio, quien lo hizo
comparecer a fin de que reconociera el documento. El demandado declaró, ser
verdad su contenido, pero que estaba resuelto a pagar, como estaba estipulado,
el día de San Blando. El juez no se daba cuenta todavía del fraude, llamó con
mucho imperio a su alguacil, ordenándolo que buscara en el almanaque el día de
San Blando; sin que materialmente se llegara a encontrar en las repetidas veces
que revisó por mandato del Juez. Al ver esto, se percató de que se encontraba
frente a un vivo, recapacitando, pronunció la siguiente sentencia: “Hay en el
almanaque un día señalado para todos los santos, y como San Blando, no está
indicado, tiene que estar, entre los que se festejan en ese día; y éste es el
día de Todos los Santos, o sea el primero de noviembre, en que Ud. debe abanar
la cantidad íntegra, más los intereses, desde la fecha que reza el documento: su
pena de entablarle la correspondiente instrucción criminal por estafa”. El vivo
burlado, tuvo que acatar el fallo y pagar el dinero con sus respectivos
intereses, quedando desde aquella fecha, la locución: “El día de San Blando, que
no se sabe cuándo”, como divisa de todo deudor aficionado a las trampas, o de
los que se proponen, no cumplir algo.
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